Relaciones sanas, clientes felices


 
 

por Raquel Cohen

Nuestros clientes son la razón de ser de las empresas o labores que ejecutamos. Sin ellos, el sentido y el objetivo de las organizaciones desaparece. Es por ello que establecer una relación basada en confianza, honestidad y responsabilidad es vital. En este texto exploraremos cómo se construye una relación forjada con los valores mencionados anteriormente.

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Nuestros clientes llegaron a nosotros porque desempeñamos nuestras tareas de forma conveniente para ellos, incluso porque destacamos más nosotros que nuestra competencia. Una vez que llegan, depositan su confianza en nosotros, demostrándonos la misma con una retribución monetaria.

Después de otorgarnos su confianza, lo que debemos de hacer es pagarle con la misma moneda: dándoles la seguridad que ejecutaremos nuestro trabajo de la mejor forma, tanto que ellos, estarán dispuestos a apostar por nosotros una vez más.

Las siguientes preguntas estimularán la confianza en dicha relación: ¿por qué mi cliente me buscó y depositó su confianza en mí?, ¿cómo puedo mejorar mi propio desempeño para ofrecer un servicio destacado? y, por último, ¿cuál es mi objetivo final con este cliente específicamente? Cuando encuentras las respuestas a las preguntas, ponlas en práctica, y verás los resultados.

Honestidad
La honestidad tiene como fin último no traicionar un sistema de valores propio, y ser fiel y leal a toda acción que corresponda a uno mismo, como individuo y como empresa. Cuando fallamos, solemos ser poco honestos con nuestros clientes, intentando disfrazar una realidad, para no sacrificar la confianza depositada en nosotros. Para ser honestos, incluso en momentos difíciles, es necesario siempre tener en cuenta ofrecer una disculpa, una solución a la falla del momento y una propuesta para evitar situaciones similares a futuro. Así no estarás traicionando la confianza depositada, y estarás generando un vínculo real y leal con el cliente.

Responsabilidad
La definición de la palabra responsabilidad está implícita en la misma: respons- (respuesta)/-abilidad (habilidad de), por lo tanto, nuestra habilidad de responder a nuestras tareas y a las necesidades del cliente es sumamente importante.

Desempañar nuestras tareas con cierta habilidad para alcanzar los objetivos ya establecidos en tiempo y en forma, es el ingrediente más importante por el cual nuestros clientes nos buscan y depositan tanto en especie como en espíritu su confianza en nosotros. Tener siempre presente la responsabilidad laboral que tenemos, ayudará a que los objetivos se cumplan con frecuencia y con calidad, así nuestros clientes estarán agradecidos y satisfechos con nuestro propio desempeño.

Para concluir, los tres ingredientes descritos anteriormente, son piezas fundamentales en una relación sana con nuestros clientes. Como individuos y como empresas, es vital integrar estos valores a nuestra forma de trabajo, pues serán una inversión a largo plazo. Con dicha estrategia, podremos conseguir nuevos clientes a partir de recomendaciones, crecer como personas y desarrollar nuestra capacidad laboral.

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